2 de abril de 2008

De las quejas.

3 quejas:

La primera, acerca del previsible acuerdo entre Brasil y España frente a la bochornosa crisis diplomática de las últimas semanas. Como ya se veía venir, nada muda: Por un lado España no se sensibiliza un pelo cuanto al cierre de sus fronteras. Es decir,
los agentes de control de inmigración seguirán teniendo la última palabra para restringir la entrada de turistas a España - aunque las normas Schenguen sean, desde luego, menos subjetivas y despóticas -; las condiciones infrahumanas dadas a los repatriados en los aeropuertos españoles seguirán equiparándose a una condena presidiaria. Por otro lado, Brasil promete establecer de una vez una lista de exigencias a los turistas, pero... ¿y la reciente reciprocidad en clave autoritaria de la Polícia Federal brasileña hacia a los españoles?, ¿qué?.
Luego, lo acordado, en líneas generales, es: los consulados son la salvación. Pues, teniendo en cuenta los servicios consulares de ambos países, tanto brasileños como españoles están perdidos.

La segunda, se abrirán oficinas de promociones turística y comercial de Madrid en algunos países, uno de ellos Brasil, en particular la ciudad de São Paulo. ¡Estupendo! Divulgarán Madrid como el Paraíso, para que luego la gente se quede a las puertas del mismo...

La tercera y última queja, con relación a las dos anteriores, alucino con las variaciones que consigue sacar El País con la palabra São Paulo: desde la traducción más estricta y correcta al castellano (San Pablo) a versiones más grotescas como Sao Pablo, Sao Paulo e la nueva: San Paolo.