26 de marzo de 2008

De la añoranza.




Saudades: Desde niño me decían que ésa era una de las palabras que mejor distinguían el portugués de las demás lenguas, cuyo verdadero significado real no se encuentra fácil traducción ni al inglés (missing) ni tampoco al español (añoranza), por ejemplo.

En Lisboa no faltan ejemplos donde tal palabra se aplica sin reticencias: Desde la conservación de los azulejos en los barrios más antiguos, o las criptas decimonónicas abiertas a la curiosidad ajena en los cementerios, hasta las fábricas abandonadas de techos desplomados..., todo me remetía a las dichosas saudades portuguesas.

Ni que los tiempos pasados hubieran sido mejores, puesto que sería muy ingenuo de mi parte creer que tanta decadencia urbana se debe sólo a un sentimiento romántico, sino que desde luego está fuertemente relacionada a los altibajos económicos que ha sufrido la nación a lo largo de los tiempos. Por no hablar de los desastres que asolaron la ciudad hace siglos. El Convento do Carmo es una gran muestra de ambos lados y de las ventajas que puede sacar un pueblo de ellos.

Se me hace imposible no contrastar el caso de Lisboa al de Petrópolis, cuyas restauraciones han sentado a la ciudad imperial tan falso como un maquillaje exagerado a una anciana. La capital monárquica, en cambio, ha sabido envejecer sin emular la dignidad y la gloria pasadas, como la añoranza misma.

25 de marzo de 2008

De las contribuciones.




A comienzos del mes el sitio web Skull-a-day ha subido una imagen que les había preparado yo, a modo de contribución por su original trabajo, junto a aportaciones de gentes de todo el mundo en sus braincases.

Todavía quedan por emerger otras cosillas más que hice por esas fechas a otros enlaces...

Es una inmensa alegría tener una pequeña participación mía en los proyectos que estimo.

24 de marzo de 2008

De la azulejaría.




Al pensar en Portugal, lo primerísimo que se me ocurría eran los característicos azulejos. En efecto, una vez en Lisboa, uno percibe que están por todos los lados, recubriendo interiores y exteriores. Sin embargo, me agradó descubrir que esa práctica, todavía hoy día conservada, ha ganado el gusto de la juventud y se ha adaptado fácilmente a las actuales formas de expresión mural como los graffitis, los stencils, etc., sin perder su identidad. Tampoco se ha plastificado a los ojos de los turistas.

En el barrio de Alfama se hallan los azulejos tan tradicionales como el fado, mientras en Chiado y Bairro Alto se encuentran paredes y murales de decoración más atrevidos tales como azulejos de graffiti, u otros mezclados a carteles, e incluso algunos sin motivo aparente, etc.

El gusto por los azulejos llegó a Brasil desde sus primeros momentos como colonia portuguesa. Recuerdo haber visto unos cuantos en los centros históricos de Santos y Petrópolis. Y ya que estamos en ello, no podría dejar de lado una de las artistas brasileñas más destacadas en la actualidad, Adriana Varejão, que ha sabido llevar el arte de la azulejaría más allá de los adornos murales.