
Al pensar en Portugal, lo primerísimo que se me ocurría eran los característicos azulejos. En efecto, una vez en Lisboa, uno percibe que están por todos los lados, recubriendo interiores y exteriores. Sin embargo, me agradó descubrir que esa práctica, todavía hoy día conservada, ha ganado el gusto de la juventud y se ha adaptado fácilmente a las actuales formas de expresión mural como los graffitis, los stencils, etc., sin perder su identidad. Tampoco se ha plastificado a los ojos de los turistas.
En el barrio de Alfama se hallan los azulejos tan tradicionales como el fado, mientras en Chiado y Bairro Alto se encuentran paredes y murales de decoración más atrevidos tales como azulejos de graffiti, u otros mezclados a carteles, e incluso algunos sin motivo aparente, etc.
El gusto por los azulejos llegó a Brasil desde sus primeros momentos como colonia portuguesa. Recuerdo haber visto unos cuantos en los centros históricos de Santos y Petrópolis. Y ya que estamos en ello, no podría dejar de lado una de las artistas brasileñas más destacadas en la actualidad, Adriana Varejão, que ha sabido llevar el arte de la azulejaría más allá de los adornos murales.

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