1 de noviembre de 2007

De profundis.




Por mucho que el hombre intente superar la naturaleza en creatividad, ésta siempre le da la vuelta y presenta nuevas mezclas de colores, formas y organismos fascinantes. Por esa razón los acuarios, zoológicos, museos de Historia Natural, etc. son lugares que despiertan en mí un interés muy particular.

Desde luego los tiburones, tigres, dinosaurios, entre otros animales de mayor prestigio entre los visitantes no me atraen tanto como lo hacen ciertos insectos y animales de dimensiones más modestas... Pero igual de letales. De los acuarios me atraen en especial las hostiles morenas, los traicioneros peces leones, las voraces pirañas y, sobre todo, las medusas. Sus mecanismos de ataque y defensa están tan íntimamente ligados a las anatomía y apariencia que me resulta mucho más amenazador imaginar cómo criaturas tan bellas pueden causar graves daños a las víctimas en proporciones parecidas a las bocazas de predadores más notorios.

Sin embargo, los peces que más me llaman la atención son los abisales. Nada en el mundo les gana en monstruosidad. Hasta el momento no me he enterado de ningún aquarium que los tenga en catálogo...