La previsión es que va a llover toda la semana. Vaya. Y es que Salamanca en especial se pone susceptible a las más mínimas variaciones de humedad. Eso se da por un chisme de la piedra con la cual aquí se edifican puentes, catedrales... ¡hasta hoteles!: la piedra de Villamayor. Lo suyo es que, de acuerdo con el tiempo, ésa pasa por toda una paleta de tonos, desde un pardo clarito hasta un ocre lúgubre. La ciudad y los humores de la gente, pues, parecen acompañar esos cambios y en general se vuelven bastante sombríos...
Por eso ya voy cargándome las pilas para los días siguientes: dosis de La habitación roja y Lagartija nick para los oídos a principio. Y a lo largo de la semana a ver qué surge.

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