Es increíble como el cuerpo humano, y por extensión nuestra salud, están condicionados por factores ajenos que se nos escapan totalmente de las manos. Vale, a parte de lo evidente, como los cambios climáticos, la aparación de nuevos víruses gripales, accidentes varios, etc, hablo de otro agente hoy ya más avecinado a nuestras luces: los nervios.
La semana pasada podría haber pasado como una semana común y corriente, un poco aburrida, por cierto, sin novedades que le echaran un poco de color a la rutina gris bla bla bla. Pues a lo largo de dicha semana tranquilita me tocó esperar por una sencilla carta administrativa. Sin embargo, poquito a poco, a cada vez que chequeaba el buzón y no había nada, la frustración fue volviéndose un agobio de muerte. Resulta que el viernes tenía una gastritis horrible que llevé todo el fin de semana para curarme.
Menos mal que el sábado me lo pasé en grande.
3 de septiembre de 2007
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