28 de septiembre de 2007

De los campos españoles.

Aunque reconozco que mis nociones de Geografía son relimitadas por una incapacidad nata para compreender el mundo desde la estadística y la fría precisión matemática, la cartografía siempre han sido una rama de dicha ciencia que ejerce cierta fascinación sobre mí. Claro, que desde luego tampoco me refiero a los mapas demasiado complejos, sino a los más ligeritos e inventivos, como los del pasado, que mezclaban el imaginario humano al labor de la documentación.

Por esas razonez me encantan las vistas desde las ventanillas de los aviones. Primeramente porque son poco específicas y no requieren la mirada experta para que uno pueda sacar sus propias conclusiones sobre lo que hay más abajo de las nubes con un mínimo de acierto.

Por ello, España, desde arriba y para mí, es una pequeña porción de tierra peninsular, amarilla y plana, muy cercana a lo que uno tiene como idea un desierto.

2 puertas abiertas:

Tony dijo...

Hola Javi, lo de las fotos aéreas para mí ha sido siempre una obsesión. En la época pre-GoogleEarth corría atrás de libros y otras publicaciones con fotos aéreas. La primera semana después de instalarme el GoogleEarth, debí pasarme decenas de horas recorriendo el planeta. Ahora lo llevo mejor, estoy más controlado.
Y sí, vista desde arriba, España es la viva imagen de la aridez.
Un abrazo.

javi dijo...

Hola, Tony.

Lo del googleEarth a mí a principio me pareció una buena herramienta para (re)conocer el mundo desde el sillón, pero ya me he puesto demasiado paranóico para seguir utilizándola - y temiendo a cada nueva versión que sacan jeje -.

España desde arriba o abajo es cierto que es bastante árida. Pienso que esa visión se extiende a casi toda Europa, que en mi opinión nunca ha sabido cuidar su fauna y flora. Me temo que este continente esté engendrando cada vez más una nueva aridez cuyos colores dejan el amarillo y dan paso a los grises industriales. Es tremendo.

:)