12 de septiembre de 2007
De lo corazones rotos.
Sacan del público a un niño de cinco años a que participe del espectáculo callejero. Por medidas de seguridad - al final sus padres están presentes - le piden al chiquillo que cubra con un almohada la parte del cuerpo que le parezca más frágil. La gente más mayor se ríe, por supuesto, mientras el crío, ruborizado, avalía con detenimiento su anatomía. Le dicen <<Bueno, hay un momento en la vida de un hombre en que hay que decidirse, Pablo>>. El niño pues se cubre la región de las caderas prudentemente. Luego, se le asoma uno de los payasos, le quita el almohada de allí, se lo pone encima del pecho y finaliza: <<Es el corazón, Pablito, el corazón>>.
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