25 de agosto de 2007

De los desvelos.




Enseñando algunas copias de xilografías y dibujos medievales a una amiga, sin que nos diéramos cuenta, empezamos un curioso juego el cual consistía en descifrar la iconografía de la obra en pauta a fin de sacarle más detalles. Los dibujos en general trataban de temas desarraigados, como las vanitas y los mementos moris, puesto que tienen más morbo, claro. Luego saltamos a desafíos más complejos. Especial atención detuvimos al Jardín de las delicias de El Bosco y el Triunfo de la Muerte de Brueghel el Viejo, que abundan en figuras y escenas particulares tan ricas y expresivas como la propia composición mayor. Por ejemplo, en el extremo derecho inferior del segundo una gozosa pareja de enamorados da las espaldas al caos y pásalo bien sin muestras del menor miedo a la muerte que, de tan cercana, les acompaña tocando el violín. Resulta gracioso notarlos serenos y ilusionados dentro de una atmósfera tan violenta y apocalíptica.

Pues más graciosas aún son las esculturitas de dichos pintores hechas en resina y vendidas por la National Gallery de Londres. ¡A qué sería un puntazo tener una de ésas de pisapapeles por el escritorio en revoltijo!