Debido a la pintura del techo del salón, por la mañana tuve que recubrir el suelo de hojas de periódicos. Bueno, la tarea parece muy sencilla puesto que tampoco sería yo quién iba a pintarlo, sin embargo, me llevé casi dos horas por terminar lo que me tocaba a mí. La razón de tanta demora es que a cada hoja al suelo le echaba antes un largo vistazo en las noticias que llevaba. Por la tarde fui al médico, cuyo apellido sospechaba ser italiano, y efectivamente lo era como pude comprobarlo fácilmente mirando a los paisajes de Venecia y los varios fragmentos fotográficos de las pinturas de la Capilla Sixtina colgados en las paredes. Me imaginé por lo tanto cuánto tiempo tardaría Miguel Ángel para pintar dicha bóveda si en el siglo XVI ya existiera la prensa escrita...

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